Independencia: hombre fue asesinado a balazos en presencia de su esposa

Independencia: hombre fue asesinado a balazos en presencia de su esposa

Jorge Luis Quevedo Cruz (23) fue asesinado anoche, al promediar las 10:30 p.m., en la primera cuadra de la calle Los Cocos, en Independencia.

El hombre regresaba a su casa junto con su esposa, identificada como Kiara Huari Padilla (25), cuando fue interceptado por sujetos desconocidos.

Estas personas abordaron a la pareja y, sin mediar palabra, dispararon en la cabeza a Quevedo Cruz, tras lo cual huyeron en un mototaxi.

La mujer intentó auxiliar a su esposo y lo llevó al Hospital Cayetano Heredia, pero el hombre ya había fallecido.

La Policía Nacional acudió a la escena del crimen a recabar pruebas y el caso quedó en investigación.

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Chiclayo: Hombre venció al COVID-19 luego de tres meses y perdió 39 kilos de peso | VIDEO

Chiclayo: Hombre venció al COVID-19 luego de tres meses y perdió 39 kilos de peso | VIDEO

Un trabajador de la Oficina de Tesorería de la Red EsSalud Lambayeque, venció al COVID-19 tras batallar durante tres meses en el Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo de Chiclayo, donde estuvo grave y recibió ventilación asistida por 19 días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

La entereza que mostró Marciano Yafac asombró a todo el personal médico, debido a que su cuadro clínico no le daba altas probabilidades de sobrevivir; sin embargo, el paciente abandonó con gran algarabía el nosocomio.

Galenos y enfermeras acompañaron al paciente en todo el trayecto hasta llegar a la puerta principal del centro hospitalario, donde lo esperaban sus seres queridos. En ese recorrido, Marciano les mostró una pancarta con el siguiente mensaje: “Gracias a Dios, a los médicos, enfermeras, técnicos, amigos y conocidos por todo su cariño”.

ESPERANZA

El gerente del nosocomio chiclayano, Dr. Walter Carpio Montenegro, expresó que la recuperación de Marciano envía al país y al mundo un mensaje de esperanza. “Es un hombre que tiene una gran fortaleza. Nunca debemos de perder la fe, este caso nos motiva a seguir confiando”, indicó.

Por su parte, Marciano Yafac señaló que la atención oportuna que recibió le permitirá contar su historia de vida. “Gracias por estar pendientes de mí y de todos los pacientes. Una vez que concluya la rehabilitación a mis piernas regresaré a mis labores cotidianas”, remarcó.

PERDIÓ 39 KILOS

El jefe de UCI del citado establecimiento de salud, Dr. Julio Cossio Chafloque, recordó que el paciente fue intubado durante 19 días, para pasar luego a ventilación mecánica inducida. Además, para recuperar su debilitado pulmón, le realizaron una traqueotomía.

Cuando Marciano ingresó al hospital pesaba 99 kilos; actualmente pesa 60 kilos. Él labora en la Red EsSalud Lambayeque desde hace 27 años y se encuentra ansioso por regresar a su vida cotidiana.

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Isabel Acevedo sobre su pareja ideal: “Tiene que ser un hombre con valores, trabajador y amoroso”

Isabel Acevedo sobre su pareja ideal: “Tiene que ser un hombre con valores, trabajador y amoroso”

Dejó en el pasado al cantante de cumbia Christian Domínguez. La bailarina Isabel Acevedo gritó a los cuatro vientos que está disfrutando de su soltería. Así lo hizo al terminar las grabaciones del programa dominical ‘Mi mamá cocina mejor que la tuya’.

Estoy soltera, en octubre cumplo un año de soltera, y estoy disfrutando de mí y de mis tiempos, trabajando, porque para trabajar bien tienes que tener tiempo. Estoy disfrutando mi soltería, conociéndome, disfrutando a mi familia”, dijo Isabel Acevedo.

Pese a estar tranquila, Acevedo no le cierra las puertas al amor. Todo lo contrario. La experiencia le ha dado el conocimiento para tener en claro que tipo de hombre quiere como pareja.

Tiene que ser un hombre con valores, trabajador, amoroso, y que en la relación sepa comunicarse y ceder, esto último es muy importante. ¿Pienso en casarme? El casarme nunca me ha afanado, pero sí me gustaría, como también me encantaría ser mamá, tener dos o tres hijos, pero no he encontrado a la persona ideal o que yo sienta, ‘con él sí’”, señaló la bailarina del desaparecido programa ‘El gran show’.

Acevedo: “No conquisto por el estómago sino con mi personalidad

Isabel Acevedo participó en el programa ‘Mi mamá cocina mejor que la tuya’, que se verá este domingo, y se enfrentó al comediante, Miguelito Barraza. Pese a dar pelea durante el show reconoció que no conquistaría a un hombre cocinando.

No, yo no conquisto por el estómago, conquisto con mi personalidad, soy una chica a la que nunca verás triste, tengo mucha energía y pienso siempre de manera positiva. ¿Bailando? No, por el contrario, se intimidan y no quieren bailar conmigo”, aclaró la también empresaria.



diariocorreo

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Hombre golpeó e insultó a un sereno de Miraflores que le pidió que se coloque la mascarilla

Hombre golpeó e insultó a un sereno de Miraflores que le pidió que se coloque la mascarilla


Un hombre agredió verbalmente y lanzó un golpe en el rostro a un efectivo del Serenazgo de Miraflores, que le pidió que utilice la mascarilla para que se desplace en la vía pública, a fin de evitar el contagio del nuevo coronavirus.

Se trata de Ramiro Alonso Dibós, de 38 años, quien caminaba sin mascarilla por la cuadra 4 de la avenida Manco Capac en Miraflores, cuando el sereno le pidió que se coloque este implemento. El hombre dijo que ya la había tenido puesta todo el rato y que la llevaba en la mano junto a una bebida.

El sereno en bicicleta le volvió a pedir que se coloque la mascarilla y Dibós respondió con insultos, le golpeó en el rostro y quiso seguir con su camino como si nada hubiera pasado. Sin embargo, un transeúnte que vio la agresión lo confrontó y logró derribarlo.

Pese a que hubo un intento para retenerlo, el infractor logró darse a la fuga. Al respecto, el gerente de Seguridad Ciudadana de Miraflores, Abdul Miranda, expresó su rechazo a la agresión contra el sereno y comentó que ya pusieron la denuncia en su contra por agresión, discriminación y por no acatar los protocolos de bioseguridad.

Además, en la comisaría de esa jurisdicción se descubrió que Dibós tiene más de 5 antecedentes policiales por desobediencia y resistencia a la autoridad, violencia familiar y hurto. Desde la Policía confirmaron que ya están buscándolo.

La agresión contra el sereno se da unas semanas luego de que un hombre en el distrito de Magdalena del Mar protagonizara una escena similar, cuando lanzó calificativos racistas contra un trabajador municipal que le pidió que se pusiera la mascarilla en un parque de ese distrito.

Entonces, se le puso una multa económica al infractor, identificado como Arón José Cotrina Gómez, y también fue denunciado ante las autoridades.

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El uso de la mascarilla puede ayudar a reducir la gravedad de la enfermedad y garantizar que una mayor proporción de nuevas infecciones sean asintomáticas, El doctor Elmer Huerta cómo ayuda el uso correcto de las mascarillas. 



Rpp

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Policía detuvo a tres personas que mantuvieron en cautiverio a un hombre dentro de una pollería en SJL

Policía detuvo a tres personas que mantuvieron en cautiverio a un hombre dentro de una pollería en SJL

Tres personas fueron detenidas en el distrito de San Juan de Lurigancho, luego de que mantuvieran secuestrado dentro de una pollería a un ciudadano de nacionalidad venezolana por presuntamente haber robado dinero de ese negocio, donde todos los involucrados trabajaban.

Se trata de Nelly Cuartos Ortíz, Pascal Atahuasi Pérez y Martin Noriega, quienes mantuvieron maniatado a José Daniel Lugo Carrera, de 33 años. De acuerdo con la Policía, los tres trabajadores de la pollería acusaban al ciudadano extranjero de haber robado 3 150 soles de las ventas del restaurante, ubicado en la avenida Gran Chimú.

A fin de que confesara, lo retuvieron desde las 10:30 de la noche del martes amarrado a una silla, según comentó Víctor Maceta, jefe del Escuadrón de Emergencia Este 1.

Sin embargo, los gritos del hombre alertaron a los vecinos, que dieron aviso a las autoridades.

“(El hombre estuvo) maniatado de pies y manos con una cuerda de 5 metros, luego de eso le han tapado la boca y le han golpeado y luego con la intención de lograr que el confiese donde tenía el dinero. Así lo han tenido desde las 10 de la noche hasta las 11:30 que ha sido dada la intervención”, dijo el jefe policial.

Los tres trabajadores que mantuvieron a Lugo Carrera en cautiverio fueron trasladados a la Depincri de San Juan de Lurigancho, donde serían investigados por el delito de secuestro.

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Conoce en el siguiente informe los motivos por los que a nivel mundial se ha registrado que el 70% de los fallecidos por la COVID-19 son varones. 



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Cinco fallecidos en protestas por muerte de un hombre en manos de la policía en Bogotá

Cinco fallecidos en protestas por muerte de un hombre en manos de la policía en Bogotá

Bogotá.- Cinco personas murieron en las protestas y disturbios que estallaron el miércoles en Bogotá, Colombia, tras la muerte de un hombre por repetidas descargas que le propinaron dos policías con un arma eléctrica, según un reporte oficial.

Las autoridades no han detallado las circunstancias en que estas personas perdieron la vida en el marco de esta jornada de ira popular y movilizaciones contra el cuerpo de uniformados, que desencadenó enfrentamientos en las calles de la ciudad.

Sin embargo el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, ofreció en la madrugada del jueves una recompensa por “la captura de los autores del homicidio de cinco personas” en Bogotá y el vecino municipio de Soacha.

Durante las protestas también fueron destruidos 46 puestos de policía, conocidos como Centros de Atención Inmediata (CAI), y decenas de buses de servicio públicos destruidos, según la alcaldesa Claudia López.

El ministro anunció igualmente, en un mensaje a los medios, que reforzará el pie de fuerza con centenares de efectivos y 300 soldados de la policía militar.

La agresión que desató las violentas protestas ocurrió en la madrugada del miércoles en el noroeste de Bogotá.

En un video quedó registrado la brutal detención de un hombre a manos de dos uniformados.

La secuencia de unos dos minutos muestra a los efectivos cuando reducen a Javier Ordóñez, un abogado de 46 años y padre de dos hijos. Ya en el suelo, le propinan al menos cinco descargas de varios segundos con un arma eléctrica.

“Ya, por favor, no más”, se escucha suplicar a Ordóñez en repetidas ocasiones.

Luego de recibir las descargas, Ordóñez fue conducido a un puesto policial y de ahí a una clínica donde falleció.

“Expresamos el dolor por la muerte de Javier Ordóñez y nuestro reiterado sentimiento de solidaridad con sus familiares. El gobierno nacional seguirá prestando toda la colaboración que requieran las autoridades competentes para que se esclarezcan los hechos a la mayor brevedad posible”, dijo el ministro de Defensa.

El caso evocó al del afroestadounidense George Floyd, quien en mayo murió asfixiado en Minneapolis a manos un policía blanco que desoyó sus suplicas mientras lo inmovilizaba en una detención.

Tras su deceso se desataron fuertes protestas en Estados Unidos que todavía se mantienen.

Fuente: AFP



diariocorreo

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Era un hombre

Era un hombre

Barclays y Casandra se conocen en una discoteca de moda. A pesar de la penumbra, Casandra lo ha reconocido: Barclays es un periodista que sale en televisión. Son jóvenes: Casandra tiene veintiún años, Barclays cuenta veinticuatro. Son guapos, pero no se sienten guapos o no actúan como si lo fueran.

Casandra se acerca a Barclays y lo invita a bailar. Barclays acepta sin entusiasmo. No están drogados. No están borrachos. Se miran, se estudian, se aproximan a tientas, dudosamente. Acaso reconocen la fuerza oscura del deseo. Siguen bailando.

Dos horas después, están en el apartamento de Barclays, en la cama de Barclays, haciendo el amor. Barclays ha dicho que no tiene un preservativo. Casandra ha dicho:

-No te preocupes, yo me cuido, yo tomo pastillas.

Por eso hacen el amor sin protección. Casandra se monta a horcajadas sobre él y cabalga, desbocadamente.

Casandra estudia en una universidad privada. Su madre tiene dineros de familia. Casandra estudia arquitectura, pero sueña con ser decoradora de interiores. Barclays ha dejado la universidad. Se gana la vida como periodista. Sueña con ser un escritor.

El siguiente fin de semana, Casandra y Barclays vuelven a encontrarse en la discoteca de moda y terminan en la cama de Barclays. No han hablado por teléfono durante la semana. Barclays le ha dicho:

-Yo no hablo por teléfono, no quiero que me llames.

Se acostumbran entonces a la rutina conveniente de encontrarse los sábados en la discoteca y prolongar la noche, haciendo el amor en la cama de Barclays. Casandra dice que toma pastillas. Barclays no se cuida, no se pone un condón.

Barclays aprecia que Casandra no le pida visitar la casa de sus padres. Barclays no quiere conocer a los padres de Casandra. Al mismo tiempo, Casandra disfruta de que Barclays no la llame todos los días. Saben que se verán el sábado en la discoteca. Lo que ocurra durante la semana es asunto de cada uno. Ninguno parece dispuesto a negociar o comprometer esa zona de su libertad.

Meses después, echados en la cama de Barclays, tras hacer el amor de madrugada, Casandra dice:

-Estoy embarazada.

Barclays no se alegra. Recibe la noticia como si le hubiesen dicho que alguien cercano a él ha muerto. Se preocupa, se angustia, se entristece, se molesta. Pregunta:

-¿Cómo es posible que estés embarazada, si me dijiste que tomabas pastillas?

Casandra responde honestamente:

-No sé. No te mentí. Quizás las pastillas estaban falladas o expiradas.

Barclays está tan enojado que le pide a Casandra que se vaya de su casa. El sábado siguiente no va a la discoteca. No quiere verla. Se siente decepcionado, traicionado por ella.

Una tarde, Casandra va al apartamento de Barclays sin previo aviso y le pregunta:

-¿Qué hacemos? ¿Lo tenemos?

Barclays responde sin vacilar:

-No. Yo no quiero ser padre. Tienes que abortar.

Casandra pregunta:

-¿Por qué no quieres ser padre?

Barclays responde:

-Porque quiero ser un escritor.

Casandra pregunta:

-¿Y no puedes ser un escritor y tener un hijo?

Barclays responde:

-No. No puedo. Es imposible. Si tengo un hijo, no seré nunca un escritor.

Se hace un silencio opresivo. Casandra dice:

-Me da ilusión ser mamá.

Barclays se enfada:

-¡Estás loca! ¿Cómo vas a ser mamá, si solo tienes veintiún años y vives con tus padres y no has terminado la universidad?

Casandra dice con aplomo:

-No sé. No quiero abortar. Me ilusiona darle vida a esta criaturita.

Barclays se irrita y dice:

-No digas “esta criaturita”, por favor. No seas cursi. No seas tonta.

Casandra se siente lastimada:

-¿Qué quieres que diga entonces?

Barclays responde:

-Que vas a abortar a ese feto. No “a esa criaturita”.

Casandra se enfurece:

-Feto es una palabra horrible. Si tú no quieres a mi bebé, es problema tuyo. Yo sí lo quiero. Y no lo voy a matar.

Barclays levanta la voz:

-¡Abortar un feto no es matar!

Casandra se marcha, indignada, reprimiendo las lágrimas.

Dejan de verse unas semanas. Ninguno va a la discoteca por temor a encontrar al otro.

Preocupado, Barclays la llama y le dice:

-He hecho una cita para que abortes.

Casandra responde:

-No sé si voy a poder.

Barclays afirma:

-Sí vas a poder. Yo te voy a acompañar. Tienes que hacerlo por ti y por mí.

Una madrugada, Barclays pasa a buscar a Casandra y la lleva a la clínica de abortos. Casandra tiembla de miedo. Está aterrada. Barclays le da valor. Casandra se va con el médico a la sala en que le harán el aborto. Poco después, sale llorando y dice:

-No puedo abortar. No puedo. Llévame a mi casa, por favor.

Furioso, decepcionado, Barclays lleva a Casandra a la casa de sus padres y le dice:

-No voy a rehuir mis responsabilidades. El bebé llevará mi apellido. Te daré dinero todos los meses. Lo veré una vez al mes. Pero, por favor, no te hagas ilusiones: no vamos a estar juntos, no vamos a vivir juntos.

-No me hago ilusiones -dice Casandra.

Barclays se distancia de Casandra. La ve solo una vez al mes, en un café cercano a la casa de los padres de Casandra. Casandra sigue estudiando en la universidad. Barclays continúa trabajando como periodista. Ya no hacen el amor. Barclays se ensimisma, se repliega, no quiere acostarse con Casandra ni con nadie.

El día del parto, Barclays lleva a Casandra a la clínica y la acompaña a dar a luz. Es una niña. Casandra ha elegido el nombre de la niña. La llama Victoria, quizás porque darle vida ha sido una victoria para ella.

Casandra sigue viviendo en la casa de sus padres, ahora con la niña Victoria. Barclays no cumple su promesa de visitarlas una vez al mes: necesita ver a la niña todas las semanas. Casandra es feliz viendo que Barclays ama a su hija, después de todo. Las señoras de la familia dicen que Victoria es idéntica a su padre. Barclays descubre que no es tan agobiante ser padre, o no al menos en esas circunstancias, viviendo solo, preservando su zona de libertad.

Meses más tarde, Barclays vuelve a la discoteca. No quiere ligar, no quiere acostarse con nadie. Solo necesita escuchar música y bailar con su sombra. Un sábado, inesperadamente, Barclays ve a Casandra en la discoteca. No han hablado, no han quedado en verse, es un encuentro accidental. Quizás Casandra lo extraña y ha visitado la discoteca aquella noche con la ilusión de encontrarlo. Es ella quien se acerca a él y le dice para bailar. Bailan. No dejan de bailar. Al parecer todavía se quieren. Se han perdonado. Aman a su hija. Casandra piensa que Barclays no es un papá tan malo, después de todo. Unas horas después, están en la cama de Barclays, haciendo el amor. Casandra le asegura que está tomando pastillas, otras pastillas, unas buenas que ahora sí funcionan. Barclays no se pone un preservativo.

Durante un año, durante dos años, Barclays y Casandra operan como una pareja sin ataduras ni formalidades: él va a visitar a la niña Victoria los fines de semana y a veces salen juntos los tres a dar un paseo, y los sábados por la noche Casandra y Barclays se encuentran en la discoteca y terminan la noche o comienzan la mañana en la cama de Barclays, haciendo el amor. Se aman. Se necesitan. Pero Barclays no quiere vivir con ella y con la niña. Casandra le ha preguntado:

-¿No te gustaría vivir con nosotras?

Barclays ha respondido:

-No. No puedo. Necesito vivir solo. Si quiero ser un escritor, necesito vivir solo.

Casandra no se enfada. Está cómoda viviendo con sus padres. Vive en una casa grande, con jardines, y dispone de la ayuda de una empleada doméstica.

Dos años después del nacimiento de Victoria, nada ha cambiado demasiado en sus vidas: Barclays sigue trabajando como periodista de televisión y Casandra lleva a duras penas sus cursos en la universidad privada.

Una noche, en la discoteca, Casandra lo abraza y le dice al oído algo que Barclays no alcanza a escuchar con nitidez.

-¿Qué me has dicho? -grita él, porque la música es un estruendo que sabotea la conversación.

-¡Que estoy embarazada! -grita ella, con una gran sonrisa.

Barclays se ríe, piensa que Casandra está bromeando. Pero Casandra no está bromeando: está embarazada, de nuevo embarazada.

Abrumado, abochornado de sí mismo, incrédulo, sin palabras, Barclays la lleva a su apartamento y la somete a un interrogatorio frío y cruel:

-¿Cómo es posible que estés embarazada, si tomas pastillas? ¿Dejaste las pastillas para quedar embarazada? ¿Te has acostado con alguien más? ¿Estás loca? ¿Te has vuelto loca, oficialmente loca?

Casandra ensaya una explicación:

-Dejé de tomar las pastillas solo cuatro semanas. El ginecólogo me dijo que tenía que descansar de las pastillas. No me imaginé que quedaría embarazada.

Indignado, Barclays la echa de su casa a gritos:

-¡Estás loca! ¡No quiero ser papá de nuevo! ¡Déjame en paz!

Dejan de verse unos días, unas semanas. Barclays no va a visitar a la niña Victoria. Casandra no le dice a nadie, ni siquiera a su mejor amiga, que de nuevo está embarazada. Le da vergüenza contarlo. Siente que es una tonta, que no debió dejar las pastillas, como le aconsejó el ginecólogo.

Confundida, sin saber qué hacer, Casandra va al apartamento de Barclays, quien la recibe de mala gana, y le pregunta:

-¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que aborte?

Barclays se impacienta:

-¿Por qué me preguntas eso, si sabes que no vas a abortar?

Casandra afirma:

-Si me pides que aborte, te prometo que aborto.

Barclays dice:

-No vas a poder.

Casandra pregunta:

-¿Entonces qué quieres?

Barclays la mira fríamente:

-Que hagas lo que sea mejor para ti. Si quieres tener al bebé, ten al bebé. Si quieres abortar, aborta. Pero yo no quiero decidir por ti. Hagas lo que hagas, yo te apoyaré.

Casandra se sorprende:

-Pensé que querías que aborte.

Barclays se repliega:

-Ya no estoy tan seguro. Mira a Victoria. Te pedí que abortases y ahora la adoro.

Casandra exhala un suspiro.

-Menos mal no abortaste -dice Barclays-. Hubiera sido una pena no conocerla.

Casandra se queda pensativa y luego pregunta:

-Si decido tener al bebé, ¿lo vas a querer como quieres a Victoria?

Barclays no duda en responder:

-Sí.

Casandra pregunta:

-¿Y si aborto?

Barclays hace un gesto condescendiente o desdeñoso:

-No vas a poder abortar. Eres demasiado maternal para abortar.

Casandra se siente disgustada de que Barclays le haya dicho: “eres demasiado maternal”. Siente que le ha dicho: eres débil, eres tonta, tienes miedo, eres una mujer convencional. Se marcha, ofuscada, sin despedirse.

Unos días después, Casandra va de madrugada a la clínica de abortos, acompañada de su mejor amiga, y aborta al bebé. Era un hombre. Pudo ser el hijo de Barclays y Casandra. No lo será. Será una promesa interrumpida, una vida segada, una luz apagada.

Después de abortar, Casandra va a la casa de su amiga, toma pastillas para dormir y llora todo el tiempo que está despierta.

Cuando encuentra fuerzas, va al apartamento de Barclays y le cuenta que ha abortado. Barclays se queda helado, sin palabras.

-¿Cómo se te ocurre abortar sin decirme nada? ¿Cómo pudiste abortar sin pedirme mi opinión final?

Casandra responde:

-Me dijiste que te daba igual si abortaba o no abortaba. Era obvio que preferías que abortase.

-¡No, no! -grita Barclays-. ¡No estaba tan seguro esta vez! ¡Me daba pena! Después de conocer a Victoria, ¡me daba pena!

Casandra intenta calmarlo:

-Era lo mejor para los dos. Era mucho estrés tener un hijo más.

Barclays siente una congoja profunda y dice, aturdido:

-No sé. No sé si abortar era la mejor salida.

Se quedan un momento en silencio. Luego Casandra dice:

-Era un hombre. El bebé era hombre.

Barclays rompe a llorar, desolado. Ella lo abraza.

-Yo lo quería -dice Barclays-. Yo quería tener un hijo hombre.

Lloran los dos, abrazados.

-No debiste abortar -dice Barclays-. Ya nunca más tendré un hijo hombre. Ese será mi castigo.



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Donald Ray Pollock, el hombre que relata el horror rural de EEUU

Donald Ray Pollock, el hombre que relata el horror rural de EEUU

Había una vez un señor. No, no un señor, un adolescente. Al adolescente le tocó nacer en un pueblo minúsculo y desahuciado en el medio de Ohio, bien cerca de donde el diablo perdió el poncho, y se las tuvo que arreglar. Fue al liceo hasta que pudo y en un momento tuvo que ponerse a trabajar. No era raro para él, ya que la mayoría de los jóvenes de Knockemstiff, llegado el caso, abandonaban los estudios casi a la misma altura. Fue así que entró a una planta procesadora de carne, después pasó a una fábrica de papel y ahí se quedó treinta años. Treinta.

La historia podría haber sido la siguiente: el adolescente, ahora un hombre de mediana edad, se mantiene en su puesto, sin asensos ni aumentos de salario, trabajando 15 horas y ganando lo suficiente para mantener la huerta y las gallinas que le dan de comer. 

Vive su vida bucólica bajo el sol de Ohio hasta que el atardecer de la vida lo encuentra y lo manda al cajón sin sobresaltos. Si tiene suerte, le escapa a la cirrosis o al cáncer y se va del mundo como llegó: sin hacer ruido, pasando inadvertido para el resto de la humanidad, como la ínfima partícula sin importancia en el entramado histórico de la raza humana que fue.

La historia, sin embargo, terminó siendo así: el adolescente, ahora un hombre de mediana edad abotagado por su vida en la fábrica, decide dar un vuelco. A los 52 años y con estudios completados a los tumbos, decide inscribirse en el programa de escritura creativa de la universidad estatal y empieza a escribir cuentos. Sin pudor, comienza a enviar esos relatos a revistas y los ojos del mundo editorial se posan en esa ínfima partícula oriunda del improbable pueblo de Knockemstiff que, de repente, resplandece y promete algo grande. El hombre consigue publicar su primer libro de cuentos, lo titula como su pueblo y es un éxito. Tres años después publica su primera novela, El diablo a todas horas, y la crítica se tropieza y se desgarra las vestiduras para besarle los pies. También, se hacen muchas preguntas: ¿de dónde salió este profeta rural, este heraldo perverso que habla de las depravaciones más chocantes del corazón del país? ¿Cómo se guardó eso durante tanto tiempo? ¿Qué más tiene para ofrecer?

El hombre –pongámosle nombre ya: se llama Donald Ray Pollock– pasa algunos años fogueándose un poco más. Y en uno de esos años de fermentación tardía, se gana la beca del Guggenheim Felowship, quizá una de las becas artísticas más importantes del mundo. Pocos años después publica su segunda y, hasta el momento, última novela: El banquete celestial. Es un wéstern despiadado que hunde sus raíces en el interior de la truculenta historia estadounidense. Es la confirmación de que el mundo, quizá por azar, se encontró con un escritor superlativo, inclemente, dispuesto a todo y capaz de alcanzar un ritmo endiablado que dejaría perplejo a cualquier colega. O lector. O persona.

El mal entre nosotros

No sorprende que la carrera de Donald Ray Pollock haya comenzado con un estallido. Que haya horrorizado y dejado estupefactos a los primeros editores que se asomaron a su obra sin saber qué les esperaba entre las páginas. La primera línea del primer relato de Knockemstiff –la primera entrega de la que, hasta ahora, conforma su escueta pero contundente obra y que se encuentra completa en Uruguay editada por Literatura Random House– deja claros los caminos que su narrativa tomará: “Mi padre me enseñó a hacer daño a la gente una noche de agosto en el autocine Torch cuando yo tenía siete años. Era lo único que se le dio bien alguna vez”. Si no es suficiente, pasemos a las primeras líneas del segundo relato del libro, que son todavía más crueles: “Volvía yo de las Mitchell Flatts con tres puntas de sílex en el bolsillo y una serpiente muerta y echada al cuello cuando pillé a un chaval llamado Truman Mackey follándose a su hermana pequeña en el Hoyo de la Dinamita”.

Desde sus primeros trazos, Pollock hurgó en el mal que anida, habita, convive y va al baño con nosotros. Mejor dicho, con el mal que habita en la zona de Estados Unidos en la que nació, porque el autor tomó como insumo para todas sus historias el lugar en el que pasó toda su vida. De todas formas, sobre el final de Knockemstiff aclara que el pueblo no es ni fue el antro de la perdición que encontramos en su obra. “Yo creí en la Hondonada –así le dicen al pueblo–, y mi familia y mis vecinos eran buena gente que nunca dudó en ayudar a quien lo necesitara”, dice, como disculpándose por tanto horror.
La crudeza de ese entorno, que replica al prototipo white trash por excelencia –el habitante de zonas rurales, analfabeto, ignorante, homófobo, racista y amante de las armas–, se tamiza con héroes acomplejados y en busca de la redención que, a pesar de tener intenciones nobles, son acechados por sombras y pasados oscuros. Y sus derroteros, con frecuencia, terminan mal.

En El diablo a todas horas (2011), quizá su mejor historia, Pollock presenta la historia de Arvin, un joven con un pasado trágico que debe enfrentarse a sheriffs corruptos, vecinos chismosos, curas violadores y asesinos seriales. Sin embargo, tiene de su lado a parientes bondadosos, vendedores honrados y un par de episodios que traen luz entre tanta oscuridad. En El banquete celestial, su trabajo más reciente y extenso, el autor pone en página una historia triste, melancólica y violenta en la que tres hermanos son empujados a la delincuencia y terminan huyendo por el país hacia Canadá, con la promesa de encontrar algo de paz. En ambos títulos lo que prima es una tensión, o más bien una pelea en el barro, entre las bajezas más repulsivas de la humanidad y un talante heroico que puja por lograr un poco de justicia en un universo donde la que manda es la depravación.

En Pollock, un deudor implacable de William Faulkner y Cormac McCarthy, el sueño americano baja a nivel del piso, del barro, y se trastoca, creando situaciones incómodas, desesperadas, impresionantes y, aunque parezca difícil de creer, adictivas. Sus escenas bien podrían formar parte del corpus más oscuro de los hermanos Coen –hay una suerte de humor maligno flotando en aire– o de Quentin Tarantino, y quizá es por eso que el cine posó sus ojos en él y ya tenemos una adaptación de su obra en 2020.

Se trata, justamente, de El diablo a todas horas, una película producida por Netflix que se basa en su primera novela y que podrá verse en la plataforma desde el miércoles 16 de setiembre. Su elenco está integrado por Tom Holland, Robert Pattinson, Sebastian Stan, Riley Keough y Bill Skarsgard y por lo que se ve en los adelantos será tan impactante como el texto que la inspira.

 Es curioso que frustrando tantos sueños americanos con su escritura, la propia historia de Pollock sea la del hombre que “se hizo de abajo” hasta conseguir un lugar de renombre, un escape a esa existencia que le marcaba en el calendario una muerte ignota, silenciosa, sin importancia. Y es curioso, además, que lo haya hecho con una fórmula que es casi hasta un cliché: la del “pueblo chico, infierno grande”. Pero quizá el éxito no haya tenido que ver demasiado con esto, porque, en realidad, esa frase no se ajusta muy bien a las historias de Pollock. A decir verdad, lo mejor sería decir que sus pueblos son chicos, sí, pero sus infiernos son, en cambio, gigantescos, incontrolables, arrasan con las esperanzas, carbonizan el pudor, retuercen el estómago, perpetúan imágenes en la mente y hacen que sea casi imposible, inconcebible, soltar sus libros hasta terminarlos. 

Y el hombre no ha hecho más que empezar. 

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elobservador

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Hombre es detenido luego de lanzar un explosivo a la residencia presidencial en Argentina

Hombre es detenido luego de lanzar un explosivo a la residencia presidencial en Argentina

Buenos Aires. (EFE). La policía de Argentina detuvo este miércoles a un hombre por haberle lanzado un artefacto explosivo en las inmediaciones de la residencia presidencial de Olivos, en la provincia de Buenos Aires, donde pese a la explosión no se registraron heridos, informaron a Efe fuentes policiales.

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El detenido, un hombre de más de 45 años, presuntamente lanzó el explosivo en uno de los márgenes de la residencia del presidente Alberto Fernández, y según las fuentes se escuchó una explosión similar a la de un artefacto de pirotecnia.

La residencia presidencial fue en las últimas horas uno de los lugares de protesta de agentes de la policía de la provincia de Buenos Aires, que este miércoles suman su segunda jornada consecutiva de reclamos por sus condiciones laborales, que según los manifestantes incluyen bajos salarios y deterioro en el material de protección.

El gobierno nacional anunció la semana pasada un plan de seguridad para la provincia que incluye el despliegue de más efectivos federales y la compra de materiales como cámaras de seguridad o coches patrulla.

El jefe de Gabinete del país, Santiago Cafiero, detalló las medidas de un plan que incluirá el despliegue de 3.957 nuevos agentes federales en la provincia, con lo que se duplicará el número actual, la adquisición de 2.200 vehículos policiales, cámaras de seguridad y otros elementos de protección, y la creación de 4.000 “paradas seguras” con botones anti pánico.

Cafiero adelantó también la construcción de 12 nuevas unidades carcelarias, que agregarán 5.000 plazas al sistema penitenciario en la provincia y que permitirán “trasladar a los reclusos de las comisarias a estas dependencias”.

Según los datos del Gobierno, de los 48.565 detenidos en la provincia, 5.471 se encuentran en comisarías.

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